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La imperfección ( 1ª parte ) .

Sentirse imperfecto suele ser motivo de sufrimiento. Pero hasta las piedras están en proceso de transformación sin dejar de ser perfectas por ello. Hacer las paces con uno mismo requiere asumir la imperfección.

  Cuando estamos en medio de un paisaje exuberante y variado todo a nuestro alrededor parece en plena armonía: los troncos rugosos, las hojas que dejan pasar la luz del sol, los pequeños insectos, el sonido de los pájaros, el agua que corretea por el río... Todo se integra en el paisaje de una manera que podemos definir como perfecta. Pero si nos acercamos, vemos cierto caos detrás de toda esa diversidad. Tanta variedad, perfecta en sí misma por la manera en la que ha formado un conjunto, un ecosistema, convive con un equilibrio inestables, una imperfección a la que debemos la vida: el ADN, que impide que existan dos seres iguales. Gracias a ella, y a la fuerza selectiva y creadora de la evolución, podemos sentarnos en un tronco y contemplar no que nos rodea como si fuera el más bello paisaje.


  Como vemos, la vida se basa en las imperfecciones y, sin embargo, en la vida de cada uno la imperfección parece ser un defecto. Estamos tan obsesionados todos los días con conseguir la eficacia, la perfección, de cumplir todos nuestros objetivos al cien por cien, de actuar sin dudas... que reconocer las limitaciones es casi una declaración de incompetencia o culpabilidad. Se nos repite que tenemos que buscar la "excelencia" en lo que hacemos, palabra que suena en nuestros oídos como la nota que hay que obtener a final de curso; y se nos dice de muchas formas que hemos de parecernos, no ya a nuestros padres, sino a estereotipos de perfección como el de la supermujer o el del triunfador, que sólo generan frustración en quienes lo interiorizan.

Imperfección .

La humanidad es el claro ejemplo de la imperfección. A veces somos odiosos. Somos seres crueles, disfrutamos viendo sufrir a otros. Somos egocéntricos y egoístas, sólo nos preocupamos de nosotros mismos, ¡a los demás que les den! Somos envidiosos y caprichosos, queremos lo que no tenemos y cuando lo tenemos no lo sabemos valorar. Todo nos parece poco. Siempre queremos más y más. Somos celosos, nos creemos que las personas nos pertenecen y cada uno es libre de hacer y ser lo que le de la gana. Somos hipócritas, no nos atrevemos a decir la verdad, porque la mentira es más fácil. Y nos enfadamos cuando nos dicen una verdad que duele, ¡sí! Somos vagos, moverse ya es trabajar. Todo nos da palo. Somos racistas, la cual cosa significa que presumimos de nuestro ser, tanto que no aceptamos que otros sean distintos. Todos somos iguales y diferentes a la vez. Algunos maltratamos aunque no nos demos cuenta. Otros hacemos daño psicológicamente. Pero a todos nos atrae el lado oscuro, lo que no está bien visto, y tarde o temprano acabamos cayendo en ese vicio.
También están los que buscan ser perfectos, pero se olvidan de una simple y profunda realidad: la perfección no existe.

La humanidad es complicada, realmente complicada. Todos somos asquerosamente humanos, pero si no fuésemos así no habría vida en el planeta que ahora pisamos.

Sé el cambio que quieras ver en el mundo. Empieza cambiándote a ti cada día.